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LA HUELGA GENERAL DE MANOLO BOTIN

kokon | 27 Septiembre, 2010 17:42

  

Manolo Botín llegó a Barcelona desde su aldea natal de Percebiños que era un lugar perdido en la provincia de Pontevedra y cuando llegó a la ciudad  empezó a trabajar en la empresa “Cosméticos Peláez”. Lo hizo desde muy abajo, tan abajo que tan solo le dejaban hacer algunos repartos y barrer los espacios del obrador en el que las trabajadoras, especialmente chicas jóvenes, controladas por la mirada inspectora de alguna más mayor y en soltería, cocían y mezclaban sus potingues cosméticos. Manolo se dió cuenta de inmediato que su única posibilidad de abrirse paso en la empresa y hacerse respetar por sus compañeras y temido por sus jefes era sindicarse y formar parte del comité de empresa y así liderar la lucha revolucionaria del trabajador, bregar por sus derechos. Manolo había heredado cierto carácter “rojete” de su abuelo aunque venía de una provincia más bien discreta en materia de revoluciones. Además, todo hay que decirlo, libraba unas horitas de trabajo que no está  nada mal  y encima el señor Peláez no le podía echar  por su condición de delegado sindical  cubriéndose las espaldas de que, en una de esas, lo echaran por incompetencia laboral. Al principio era una labor triste y aburrida, que si porcentajes arriba y abajo, que si negociar algún puente festivo, alguna baja y poca cosa más.

       Y así sin darse cuenta se plantó ante él la gran ocasión. Desde el sindicato le anunciaron su primera huelga general, el listón que mediría su potencial asambleario, su capacidad dialéctica por convencer a sus compañeros de que la lucha era continua y no cesaba nunca, era su ocasión de pasar  a la historia como héroe del proletariado frente al patrono, es decir frente al señor Pelaez. 

     Su primera sorpresa, cuando las fechas de la gran huelga se aproximaban, fue que un trabajador ya mayor, a punto de jubilarse  que había sido líder sindical en los años cincuenta le comentó que los trabajadores y trabajadoras que quisieran seguir la huelga lo debían notificar por escrito a la dirección , y que el mismísimo señor Peláez, tomaba nota de esa actitud y descontaba el salario correspondiente al día de la huelga de la nómina del trabajador en una libreta azul y luego en otra roja anotaba los nombre de los trabajadores díscolos que habían apoyado a la  “revolución”.

    Eso no le gustó nada a Manolo Botín y de inmediato pensó que debía cambiar esa norma no escrita, inventándose otra norma sustitutoria que aunque tampoco estuviera escrita, invirtiera una situación que él consideraba anómala. Y así lo hizo, convenciendo a sus compañeras/os que el sistema tendría que ser al revés, que se apuntara el que no quiere huelga y de paso así se retrataba cuando se quejara de la bajada de salarios.

       Dispuesto a conseguir ese logro, Manolo convocó una asamblea pues no podía traicionar sus principios revolucionarios y así del total de la plantilla de “Cosméticos Peláez” que eran unos 150  se reunieron unos  30 y paso lo que sucede en democracia, es decir que una minoría dictó el futuro de la mayoría, pues se da por supuesto que el que no asiste o no vota no tiene ningún derecho y además es insolidario, incívico e imbécil.

Votaron por votar pues ya se sabe que en esas circunstancias el resultado está garantizado es decir, la participación  en la huelga general se realizó con unas pocas abstenciones y ningún voto en contra.

   Como Manolo Botín había progresado mucho en las artes de la interpretación de datos y estadísticas y teniendo en la cabeza el modelo político que con proporciones parecidas de participación consigue aprobar todo tipo de leyes y resoluciones  y hacer ver que vivimos en una democracia participativa. Dedujo conclusiones generales y decidió que estaba claro que “Cosméticos Pelaez” se adhería a la convocatoria pero sobre todo quiso destacar en el acta, el logro de que de un modo democrático se había conseguido su principal objetivo. Desde ahora en adelante como dedujo que el resultado de la asamblea era moralmente vinculante, y que aquellos traidores que no quieran hacer huelga sean ellos los que  habrán de  comunicarlo personalmente al Sr. Peláez y  estar presentes en la fábrica el día de la convocatoria.

Por raro que parezca esta decisión de la asamblea, la de hacer huelga, alegró  profundamente al empresario señor Peláez pues  gracias a Manolo Botín, él se ahorraría, al descontar el día de huelga del salario, un buen caudal de dinero. Descontaría una cantidad exagerada al  trabajador que se sumaba al evento, es decir todos, y  este hecho suponía un beneficio impresionante que le ayudaría  a pagar las extras que se avecinan e incluso obtener un ligero beneficio económico. Así Peláez y Botín caminaban juntos hacia el beneficio y la gloria laboral.

    Un listillo que había por allí, al  que apodaban “ el catedrático” porque siempre pontificaba, le  dijo a Botín que menudo negocio era la huelga y que si eso era así, hacer huelga era algo realmente raro, y que debido a las regulaciones sobre el derecho laboral se había creado una situación esperpéntica. El “catedrático” ,siguió argumentando que, como en casi todo lo que tiene que ver con la lucha sindical, la reivindicación revolucionaria había sido mas bien tímida, porque se suponía que una  huelga quiere perjudicar al empresario o al estado que impone normas injustas y en consecuencia lo que hay que hacer es fastidiarlo de verdad. Continuo diciendo que hoy en día, en lugar de un grave perjuicio al que manda , una huelga, supone un gran negocio. La banca, como en los casinos, siempre gana.   Por otro lado, las huelgas en su manifestación pública son tan moderadas, con esos pitiditos ridículos, guiadas por la Guardia Urbana, sin interrumpir ni siquiera el tráfico que la perturbación es mínima y así, políticos y empresarios acababan celebrándolo con una gran fiesta reivindicativa en el parque de “La Ciutadella” y  todos contentos. El catedrático con cierta sorna dijo que había que buscar, con imaginación, nuevos sistemas de fastidio empresarial, como por ejemplo ir a trabajar en día de huelga o ir no trabajar y hacer reuniones sin que te toquen ni un duro, bueno un euro.   

    Manolo Botín le escuchaba pacientemente mientras maquinaba su respuesta práctica ante tanta especulación teórica del “catedrático”. Sus argumentaciones le importaban un pito a Manolo,  el lo que quería eran pitos de verdad para salir a la calle y sumarse a la manifestación. Para ello y con el afán  de conseguir la asistencia activa de los trabajadores, propuso pintar alegres pancartas pintadas entre todos. Pepi, la de la sección de cremas faciales para hombre, añadió que ella proponía unas gorras y pitos de color fucsia. Quedó aprobada la propuesta. Por fin, se había cumplido el sueño de Manolo Botín, había dado la vuelta a la tortilla de un modo democrático, como se dice: sin disparar ni un solo tiro. Ese día glorioso, al llegar a su casa, llamó a su madre en Percebiños para explicarle lo orgulloso que el abuelo “rojillo “ estaría de él.       

comentarios

  1. Oh, la huelga !

    de momento ya se ha hecho la última huelga. que bonito, todo según lo previsto: ha sido un éxito (en un 80%), los piquetes són informativos ( no es verdad que sean coactivos, jamás), condenamos la violencia, ahora van a rectificar, etc, etc . creo que con esta huelga, convocada de esta manera y insistiendo en afirmar el éxito rotundo (como cualquier partido después de una elecciones) lo único que han hecho es echar las últimas paladas, o casi las últimas,en cabarse su propia tumba como sindicatos. siendo posiblemente los únicos en europa que cobran del estado ( los jefes,empresarios de los currantes públicos) como pueden llegar a creer que vamos a pasarnos estas hostias como ruedas de molino?. con esa mentalidad y actitud aún les deberan de subir la cuata de dependencia gubernamental, porque al final no se van a afiliar ni los liberados sindicalistas que tanto hacen por la empresa. de la cual siguen cobrando pero sin pisarla ni para arengar como en antaño a tales convocatorias tan honrosas. prefieren estar ahora en unos despachos preciosos mantenidos por las grandes ayudas estatales, y eso si los dias de huelga, ! que paradoja ¡ es cuando más trabajan.
    bien creo que para volverles a creer tendré que verles con las máquinas de ciclostil i darle al manubrio porque creo que la credivilidad la tienen por los suelos y bajo tierra como los que seguimos en la mina jugándonos la vida cada dia. de verdad que estoy totalmente impresionado. Hasta el punto de que les ha ido de maravilla la ultraviolencia de algunos en la ciudad de barcelona para que quedara diluida la humillante situación de algunos delante de la violencia coactiva, física o síquica, de los piquetes. por suerte y lejos de esa barcelona donde he pasado tanto tiempo os deseo que tengais suerte i no os suceda muchas veces mas. voy a dormir que mañana me toca bajar entre 500 y 700 metros al subsuelo. pd. igual me encuentro algún sindicato enterrado

    Papux | 30/09/2010, 17:46
  2. Gracias a ti

    Gracias a ti Kokorimoto. Que nombre más original. ¿es japonés?

    kokon | 29/09/2010, 15:17
  3. Por arte de magia

    Excelente, como de costumbre. Gracias.

    Curiosas maniobras... y raras, ya lo creo.

    www.vimeo.com/15248048

    Kokorimoto | 29/09/2010, 13:36
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