kokon | 15 Diciembre, 2007 23:16
He cogido mi coche, un Volvo 745 SW, un modelo antiguo pero conducirlo aun me da seguridad, la cubierta del radiador brilla con la luz de la tarde, he costeado hasta llegar a la ciudad imperial de Tarragona. El visitante se encuentra con una ciudad plena de indicios romanos que han dejado huellas persistentes de su poder. Ha oscurecido y estoy junto al mar, en el puerto reposa atracado un barco de vela, moderno, de color gris metalizado de manga y eslora extraordinariamente grandes, el mástil enorme,los brillos de las luces del puente levadizo del puerto y del casco del barco se reflejan en el agua. He llegado al Tinglado Dos. El viaje y mi curiosidad era la del que asiste a una inauguración dispuesto a ver y a comprender, yo quería ver la obras apaciblemente, mi mirada está acostumbrada a los encuentros con el arte contemporáneo y no me asusta nada, todo me interesa, todo puedo ubicarlo en los cuadernos del sentido y sin embargo, en esta ocasión, como ya me había sucedido en otras exposiciones de Gabriel , me he quedado desarmado ante ellas, entonces me he dado cuenta, una vez más, que esas obras escultóricas no me necesitaban.
Las obras de Gabriel no necesitan al espectador. Sus brillos radioactivos expulsan al curioso, son autárquicas, integras, les gusta la soledad, no necesitan la complicidad de nadie. En los pliegues y rugosidades de la madera lacada solo quedan indicios, leves rastros de la relación que el escultor ha tenido con ellas, hasta en eso desean ser anónimas. En el caso de que tengan nombre ahuyentan al intelecto comprensivo , solo la salmodia de sus sonido :Metatron,Taxon,Zevoul-imum,KarSak, Polutropon, estas obras no quieren ser interpretadas, no les importa lo que se dice de ellas, se resisten a la voluntad de entender y con sus títulos solo se quedan los ignorantes. Cuando las miras puedes oir sus rugidos, una morfología tóxica se desprende de ellas mientras, en un tinglado cercano, se escuchan los tambores que llaman al sacrificio de la inteligencia para ir más allá de lo que somos capaces de comprender.
Decía Blanchot, que decía Alain que los verdaderos pensamientos no se desarrollan. La obra de Gabriel permite corroborar esta apreciación filosófica, según la cual afirmar, argumentar o demostrar son infinitivos que quedarían neutralizados por la densa presencia de unas obras que contienen en sí mismas la contundencia de lo indemostrable. La fuerza ignota de la materia primordial con la que trabaja y el complejo magma de sus pre-formas no aceptan otra cosa que balbuceos, aforismos y fragmentos. La mirada culta debe renunciar a sus estrategias, queda desarmada y sólo cabe el grito o el llanto. Correr por el espacio, tirarse al suelo o babear. Dejar que tengamos por una vez, la sensación de regreso, de estar de nuevo frente a un muro calentado por el sol. En las obras de Gabriel el habla no se encuentra fuera de la obra está en ella y dice cosas que nuestros oídos no consiguen cifrar pese a la potencia de su voz. Desde siempre hasta hoy, la atmósfera de sus exposiciones públicas esta sumida en actos de inspiración y pneuma, actos incondicionados que permiten la respiración y el latido del corazón: entre la vida y la muerte sus exposiciones no permiten que se conviertan en superficiales deleites del intelecto. No permiten la mirada rutinaria del que cree saber de que va todo en la cansina liturgia de la cultura. Cuando estoy ante sus obras quisiera hacer lo que ellas hacen, en un intento imposible de mimesis y así, repetir incesantemente sus presencias mudas, y que en mi aparezca lo que hay de carbón, de transparencia , de brillo luminoso o de dureza refulgente y acerada. Lo que hay en mi de Rojo y de Negro y también: disolver cualquier rastro o seña de Identidad. En sus obras como en las de los artistas cosmogenéticos se encuentran los filamentos de todo aquello que nos atrae y nos aterroriza. En el umbral de lo que somos capaces de soportar , Gabriel nos propone un acceso deconstructivo del yo, el sujeto que quiere afirmarse ante su obra acaba siendo derrotado por ella. Por una vez nuestra mirada dominante y culta queda atrapada, vencida y aquellas estrategias aproximativas que utilizamos para acercarnos a lo que no conocemos quedan desbaratadas. Nuestra identidad queda cuestionada porque es el propio autor quien pone en crisis la suya en un desprendimiento de la voluntad que lo acerca al místico o al caminante y porque es él mismo quien aniquila , quien arremete contra cualquier "a priori" conceptual en un radical anihilamiento.
Fotos Kokon

Polutropon (de múltiple forma) quiere ser
una síntesis de los postulados del
recorrido del artista, que entiende la
forma como categoría imprescindible
en la naturaleza del arte, y como
fundamento del lenguaje. El artista
propone el poblamiento del dilatado espacio
expositivo del Tinglado por una trama
de obras físicas dispersas,
potenciando la distancia entre los lugares
donde reposan las obras. El espacio ya no es
dimensional, ni articular, sino que, a la
manera del espacio natural, deviene
ilimitado, conceptual. Es en la confusión
de esta amplitud que se faculta la
consumación de la obra, puesto que
ésta no resta situada entre los
límites de los espacios, ni la afecta
el urbanismo de su entorno, sino que es
la obra quién se sitúa en un espacio sin
definición para reverberar como
artilugio causológico
Gabriel(texto del artista trad.castellano)
14 desembre 2007 / 17 febrer 2008
TINGLADO 2ESPAI D'ART CONTEMPORANI
Moll de Costa del Port de Tarragona
HorariDe dimarts a dissabte,de 10 a 13 h i de 16 a 19 hDiumenges i festius, d'11 a 14 hDilluns, tancat
25 de gener, a les 19 hPresentació del catàleg de l'exposicióLloc: Tinglado 2
Sobre Kokon la palabra que esconde al escribano y que es de origen japonés: Kokon. Se compone de dos principios activos: el primero Ko indica antigüedad y Kon lo de ahora mismo, lo que acaba de suceder. Es una palabra que une el pasado y el presente , lo antiguo y lo moderno. En esa frontera nace la flor kokonica. Sobre el título del Blog. Cuando alguien considera que “todo es muy raro”, lo más fácil y lógico es pensar que el raro es él. Que las cosas son como deben ser, como siempre han sido y que eso no debería extrañar a nadie. Aquel que se extraña ante lo que sucede no puede ser una persona normal, tranquila, serena, sino un pesimista que vive con la incomodidad del que no entiende nada.Al contrario,los que conocen la auténtica naturaleza de las cosas, saben lo que la vida es. Los sabios conocen el mundo sin salir de su casa no se extrañan de nada, quieren transmitir ese don, ser una guía para los perplejos para los que estamos presos de desorientación y de dudas. Para los sabios: nada es raro. Simplemente TODO ES
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.....ESPACIO------MENTE......SENTIDOS-------INVITAN A UN ENCONTRARSE A SI MISMO. ME GUSTA¡¡¡ como escultora es gratificante el comuicado . Te invito a conocer mi estudio de diseño
Gracias por tu comentario.Si voy por allí cuenta con mi visita.Si crees conveniente quito tu teléfono para que no tengas llamadas inoportunas