kokon | 01 Septiembre, 2007 10:11
Los rezagados aun tenéis tiempo de hacer una escapada al Museo Guggenheim Bilbao que ha decidido prolongar hasta el 9 de septiembre, la exposición antológica dedicada al artista alemán Anselm Kiefer, ante el éxito de público que ha tenido.Cerca de 540.000 personas han visitado hasta hoy esta muestra antológica, que reúne obras monumentales de los últimos 10 años del artista alemán, entre ellas un cuadro de 15 metros de altura realizado ex profeso para el museo de Gehry.Desde la inauguración de la exposición hace cinco meses, el pasado 28 de marzo, y a tan sólo una semana de su clausura, prevista en un principio para el 3 de septiembre, una media diaria de más de 3.500 personas, procedentes de distintos puntos de España y del extranjero, han visto la muestra. Uno de ellos era yo.
Fui con unos amigos y entre ellos una auténtica admiradora de la obra de Kiefer que se llama Ana . Este artículo va dedicado a ella, pues creo que durante la visita los tres restantes acompañantes fuimos un estorbo para su devocional visita. Hay que escoger muy bien el compañero cuando se sale a cualquier sitio, pero especialmente cuando tienes delante el gran resumen de un artista de culto y no quieres perder ni una sola partícula de su obra. En aras de disculparme, debo decir que todo empequeñece ante la grandeza formal y concordante a la que me he referido en Posts. anteriores del tandem Ghery-Serra. Y que mi actitud contemplativa estaba en estado deficitario durante la visita a la exposición de Kiefer. Pero ese no es suficiente argumento. Yo creo que nos disipó, que nos difuminó la atención el hecho de encontrarnos, sin que mediara tiempo alguno, de la "Materia del Tiempo" de Serra a contemplar una obra en la que la narratividad histórica es fundamental, eso exige una inmersión escénica, un "entourage" sin el cual las obras de Kiefer quedan como los restos de una escenografía vacía, como el lugar donde algo ha sucedido y nosotros no nos hemos enterado.
Sobre este aspecto, debo decir, que la incorporación de la materia en los lienzos iniciada por el Informalismo Europeo hacia los años sesenta del siglo pasado, y del que es un buen ejemplo Antoni Tapies, nunca resulto escenografiante. Tapies ha llegado a colocar un armario o una persiana metálica y nunca ha caido en la narratividad teatralizada que aparece en las obras de Kiefer. La voluntad narrativa en relación al sufrimiento que se generó a partir del conflicto bélico en la segunda guerra es una obsesión para Kiefer: camas del dolor, flores marchitas, destrucción y aspereza total.
Todo eso sucede en sus escenarios posmodernos, la propia palabra alude a simulación y espectáculo, la diferencia con otros ,es que Kiefer utilizó las claves que predecían Apocalipsis al final del milenio, es decir, ligeros indicios herméticos, esoterismo estelar del firmamento, juego con las palabras de origen hebreo, cabalismo, materiales con carga simbólica y siempre utilizando la ambigüedad y la doble dirección de los lenguajes y buscando el efectismo espectacular que tuvo mucha influencia en los estudiantes de arte de los años 90: de todo ello nos quedan estos escenarios simbólicos y vacios.
La explicabilidad ilustrada y simbólica no es propia de la Gran Forma en la que lo fundamental se encuentra en 5 mm más o menos de una curvatura. El contraste entre la suprema concordancia de las formas y unas escenografias narrativizadoras creó las condiciones óptimas para el naufragio en nuestra visita, por este motivo vuelvo a disculparme con mi amiga Ana, a quien le queda el recurso del recuerdo, con estas fotos y el testimonio del mega-catálogo más voluminoso de la historia del arte contemporáneo.
Para Daniel y Ana
Las fotos son del Correo Digital.

Sobre Kokon la palabra que esconde al escribano y que es de origen japonés: Kokon. Se compone de dos principios activos: el primero Ko indica antigüedad y Kon lo de ahora mismo, lo que acaba de suceder. Es una palabra que une el pasado y el presente , lo antiguo y lo moderno. En esa frontera nace la flor kokonica. Sobre el título del Blog. Cuando alguien considera que “todo es muy raro”, lo más fácil y lógico es pensar que el raro es él. Que las cosas son como deben ser, como siempre han sido y que eso no debería extrañar a nadie. Aquel que se extraña ante lo que sucede no puede ser una persona normal, tranquila, serena, sino un pesimista que vive con la incomodidad del que no entiende nada.Al contrario,los que conocen la auténtica naturaleza de las cosas, saben lo que la vida es. Los sabios conocen el mundo sin salir de su casa no se extrañan de nada, quieren transmitir ese don, ser una guía para los perplejos para los que estamos presos de desorientación y de dudas. Para los sabios: nada es raro. Simplemente TODO ES
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