kokon | 07 Julio, 2007 23:36
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La representación gráfica del mito tiene el mismo carácter. Si bien es cierto que en la época clásica los griegos otorgaron un lugar privilegiado a la gran estatua antropomórfica del dios, han conocido también todas las formas de representación de lo divino: símbolos anicónicos, ya sean objetos naturales como un árbol o una piedra en bruto, ya productos elaborados por la mano del hombre: cerámica, postes, pilares, cetros; figuras icónicas diversas: un pequeño ídolo mal desbastado, en el que la forma del cuerpo, disimulada por los vestidos, ni siquiera es visible; figuras monstruosas en las que lo bestial se mezcla con lo humano; una simple máscara cuyo rostro profundo, con ojos fascinantes, evoca lo divino; una estatua totalmente humana.
Todas estas figuras no son equivalentes ni se adaptan de manera indistinta a todos los dioses o a todos los aspectos de un mismo dios. Cada una de ellas tiene su forma propia de traducir ciertos aspectos de lo divino, de representar al más allá, de inscribir y localizar lo sagrado en el espacio de lo terreno: un pilar o un poste clavados en el suelo no tienen la misma función ni el mismo valor simbólico que un ídolo que se desplaza ritualmente de un lugar a otro, que una imagen encerrada en un depósito secreto con las piernas encadenadas para impedirle huir, que una gran estatua cultual instalada inmóvil en un templo para mostrar la presencia permanente del dios en su casa. Cada forma de representación implica para la divinidad simbolizada una manera particular de manifestarse a los humanos y de ejercer, a través de sus imágenes, el tipo de poder sobrenatural cuyo dominio posee. Si mito, figuración y ritual operan en el mismo registro de pensamiento simbólico siguiendo diversas modalidades, se comprende que puedan asociarse para hacer de cada religión un conjunto en el que, para volver a citar a Georges Dumézil, «conceptos, imágenes y acciones se articulan y forman con sus conexiones una suerte de red en la cual toda la materia de la experiencia humana debe tomarse y distribuirse legítimamente»(3).
3.Georges Dumézil, L'Héritage indo-européen a Rome, París, 1949, p. 64.J.P.Vernant "Mito y Religión en la Grecia Antigua" Ariel,Barcelona,1991
Sobre Kokon la palabra que esconde al escribano y que es de origen japonés: Kokon. Se compone de dos principios activos: el primero Ko indica antigüedad y Kon lo de ahora mismo, lo que acaba de suceder. Es una palabra que une el pasado y el presente , lo antiguo y lo moderno. En esa frontera nace la flor kokonica. Sobre el título del Blog. Cuando alguien considera que “todo es muy raro”, lo más fácil y lógico es pensar que el raro es él. Que las cosas son como deben ser, como siempre han sido y que eso no debería extrañar a nadie. Aquel que se extraña ante lo que sucede no puede ser una persona normal, tranquila, serena, sino un pesimista que vive con la incomodidad del que no entiende nada.Al contrario,los que conocen la auténtica naturaleza de las cosas, saben lo que la vida es. Los sabios conocen el mundo sin salir de su casa no se extrañan de nada, quieren transmitir ese don, ser una guía para los perplejos para los que estamos presos de desorientación y de dudas. Para los sabios: nada es raro. Simplemente TODO ES
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