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LAS PÚAS DE LA ERIZA

kokon | 26 Junio, 2007 20:12

  

Un amigo me ha enviado este artículo, que guardaba celosamente, porque cree que es una buena descripción del desconcierto que atenaza al hombre y  a la mujer modernos. Como este mediodía he estado hablando con él de asuntos personales, cercanos al tema,  he decidido  "Postearlo", con permiso de su autor el  escritor todo terreno Arturo Pérez-Reverte que lo publicó El Semanal, 12 del 12 del 2204.

  

Como no sé si se refiere a erizas de mar o de tierra he puesto una imagen de cada.Las dos tiene púas.

   

 

Me quedé dándole vueltas a la cosa el otro día, después de que aquella individua me pasara a ciento ochenta en la carretera de La Coruña. Yo acababa de cambiar de carril para adelantar a otro automóvil, cuando en el retrovisor advertí furiosos destellos. Un coche venía de lejos, a toda leche, exigiendo que le dejara paso libre. Así que hice lo que suelo en tales lances: seguir imperturbable con la maniobra y ejecutarla con más parsimonia de la que tenía prevista, sin prisas, vista al frente, intermitente a la izquierda y luego a la derecha, con el de atrás que frena y se cabrea, un Ibiza pegado al parachoques y dándome pantallazos con los faros, su conductor al borde de la apoplejía. Al fin, cuando ya me apartaba, eché un vistazo por el retrovisor y vi a una torda cuarentona, cigarrillo en la mano del volante y móvil pegado a una oreja, descompuesta de gesto y maneras, que debía de estar ciscándose en mis muertos con tal desafuero que echaba espumarajos por la boca. Y pensé: hay que ver cómo vienen esta temporada, oyes, desquiciadas que se van de vareta, con una agresividad y una mala leche de concurso. Hace cinco años esto no pasaba; iban por la carretera acojonadas y casi pidiendo perdón, mujer tenías que ser y toda esa murga. Y ahora, fíjate. Que no te atreves a parar en las gasolineras por si la tía a la que le has hecho una pirula coincide allí contigo, se baja del coche y te sacude un par de hostias. 

 Luego uno hojea los periódicos y lee que las pavas fuman más que los hombres, y le pegan al trinque más que los hombres, y andan por ahí más agresivas y descompuestas que los hombres. Y ata cabos y piensa: es verdad, colega. En los últimos tiempos, las erizas se han puesto de punta que da miedo verlas. Pero claro. Hasta hace muy poco, una generación tan sólo, una hembra se resignaba fácil, por educación y por otras cosas, y asumía con pía mansedumbre el papel impuesto por el macho durante siglos de biología, historia y vida social. En lo de pía, dicho sea de paso, cooperaban mucho esos confesores que durante varios siglos guiaron las conciencias femeninas católicas, en plan aguanta, procrea y reza, hija, y cumple con tu deber de madre y esposa, etcétera.  Lo que pasa es que las cosas caen por su peso, el tiempo no pasa en vano, hasta las más tontas ven la tele, y la milonga, poquito a poco, empezó a irse a tomar por saco. Y ahí están ellas, en tierra de nadie, conscientes, las más despiertas, de que su cambio social ha ido más rápido que su cambio biológico y su propia mentalidad.

Y así, esa generación de mujeres que aún fueron educadas para ser santas madres y ejemplares amas de casa se ve forzada a pelear ahora en un mundo de hombres, a hacer vida laboral de tú a tú, pero sin poder renunciar todavía, porque no las dejan o porque no quieren, al tradicional rol -o maldición, según se mire- de mujeres responsables de que el nido esté reluciente y los polluelos limpios, sanos y cebaditos. La vieja y eterna trampa. A ver por qué, si no, las únicas mujeres trabajadoras que no están desquiciadas, o no van por la vida con un cuchillo entre los dientes buscando a quién capar, son las que no tienen hijos, las que se libraron al fin de ellos, o las que cuentan con una madre o una suegra que se haga cargo.

Es imposible estar en misa y repicando; y mucho menos con maridos que creen compartir tareas domésticas porque quitan la mesa, lavan los platos por la noche y compran el pan sábados y domingos, o sea, modernos y enrollados que te rilas.

 A eso hay que añadir, también, impulsos más físicos y atávicos, resignaciones y gustos que aún colean del tiempo de la cueva, la caza y la guerra. Como el hecho, probado estadísticamente, de que Hugh Grant, Johnny Depp, los niños monos de tú a tú, el buen rollito socialmente correcto y el tanto monta, están bien para salir en la foto; pero, a la hora de la verdad, quien sigue humedeciéndole las reconditeces a buena parte del mujerío cuajado -no todas analfabetas, por cierto- es Rusell Crowe cuando les pone la zarpa encima. O tíos de ese perfil. Esto explica también algunas cosas. A veces, de ahí al moro Muza hay poco trecho. Y ciertos verdugos son imposibles sin la complicidad de las víctimas. Así que no me extraña que las erizas anden erizadas. En el mundo actual sólo hay algo peor que la cabronada de ser mujer: ser mujer lúcida, consciente de la cabronada que supone ser mujer.         

 

comentarios

  1. Los cambios en la Mujer

    En 100 años la mujer ha pasado de no existir socialmente, el derecho al voto es reciente, a tener las máximas responsabilidades. En Japón , tierra de Samurais,se ha pasado del feudalismo jerarquico y masculino a la democracia impuesta por USA,y en esta nueva situación una mujer tiene ya el cargo de Ministra de Defensa.Un cambio muy profundo de responsabilidades, cuando todavía no sabemos que pasa con esta nueva situación, ni siquiera se sabe nada de la mujer.

    JESÚS J. DE LA GÁNDARA • PSIQUIATRA GINECÓLOGO
    "Doctor, he entrado en una niebla borradora"
    IMA SANCHÍS - 14/07/2007

    50 años. Nací en casa de mi abuelo, médico de pueblo, en Cáceres, pero me crié en Salamanca. Licenciado en Medicina. Soy jefe del servicio de psiquiatría del complejo asistencial de Burgos. Casado y con dos hijos. Soy progresista y me gusta Ciutadans. El número 13 me da suerte, busco más allá de la razón, pero no encuentro

    - Teresa se pone insoportable cada 28 días?

    - Así es. En mi vida hay dos Teresas, mi mujer y mi secretaria, y las dos tienen síndrome premenstrual. Me preocupé, claro, y empecé a investigar esa enfermedad.

    - ¿Enfermedad?

    - Sí, una enfermedad produce tres síntomas: sufrimiento, limitaciones y necesidades. Cada mes suben y bajan las hormonas, el cerebro se acostumbra a ellas y cuando le faltan protesta, desencadenando síntomas. Un 30% de las españolas necesita tratamiento.

    - ¿Cómo distinguir la tristeza premenstrual de la tristeza existencial?

    - Las consultas de psiquiatría están llenas de mujeres y las consultas de los ginecólogos están llenas de mujeres que deberían venir a ver a los psiquiatras, pero le cuentan al ginecólogo sus males y el ginecólogo huye: "¡Tómese un tranquilizante!", les dicen a lo sumo, porque detectan muy mal la patología emocional de las mujeres.

    - ¿Pues mejor ir al psiquiatra, entonces?

    - Las mujeres prefieren a los ginecólogos porque existe una buena relación de confidencialidad. ¿Qué es lo que pasa?

    -...

    - Que en la vida de la mujer hay etapas críticas, como la menarquia (cuando aparece la primera regla), el síndrome premenstrual, los anticonceptivos, el embarazo, el parto, el posparto y la menopausia, que comprometen la salud emocional de la mujer.

    - ¿Qué hacemos?

    - Los ginecólogos deberían estar preparados para esto, pero no lo están, y los psiquiatras no tenemos ni idea de hormonas.

    - ¿Propone usted el ginecólogo psiquiatra?

    - Yo lo que quiero es que los psiquiatras entiendan de los aspectos hormonales y biológicos de la mujeres, y los ginecólogos, de salud mental. De esa manera el psiquiatra no le diría a una mujer menopáusica que los estrógenos son malos porque lo ha leído en el periódico, ni el ginecólogo se sacudiría a una mujer deprimida diciendo que eso son cosas de la edad.

    - Pero el príncipe azul sólo bebe cerveza.

    - "Es que tengo un marido gris ceniza", me dijo una mujer con depresión. "Llega a casa, se toma su cerveza y ni se fija en mí".

    - Igual tiene razón...

    - Tiene el síndrome de la mujer invisible, que ella me definió como: "He entrado en una niebla borradora". Lo que tienen muchas mujeres es trastorno del mal vivir, porque llevan una mala vida. ¿Sabe lo que pasa?

    - ¿?

    - Que estos cuadros mejoran con los antidepresivos, pero lo que tenemos que comprender es a la persona. Las circunstancias de vida de la mujer actual unidas a factores biológicos explican que se depriman el doble que los hombres y que sufran el triple de ansiedad.

    - No me describa más problemas, deme soluciones.

    - Generar un modelo terapéutico f (modelo femenino). La constitución y sobre todo el cerebro de la mujer y del hombre no se parecen en nada, necesitamos farmacología f, asistencia f, psicoterapias f.

    - ¿Cuál es el problema básico de la mujer?

    - En los últimos 50 años se han producido cambios en el estilo de vida que han afectado muchísimo más a la relación de la mujer consigo misma y con su cuerpo físico, biológico, y social, que a los hombres.

    - ¿Por qué?

    - Porque el cerebro emocional es peculiarmente femenino. Y los cambios sociales se impregnan de cerebro y el cerebro se impregna de cambios sociales. El cerebro es un órgano informacional, su alimento son las informaciones que nos llegan del exterior.

    - ¿Qué estímulos nos dañan?

    - La autoexigencia y la heteroexigencia (lo que exige el mundo). Veo cómo el lenguaje de la televisión y sus exigencias se sientan en mi consulta y no veo a hombres deprimidos por la doble jornada. ¿Pero qué es lo que realmente cansa a la mujer?

    - Dígamelo usted.

    - Que la mujer mantiene los problemas en la cabeza y el hombre no. Primero, genética: ¿es más vulnerable a las emociones la mujer que el hombre? Sí. Segundo, biología: usted tiene etapas críticas en su vida y yo no, yo siempre soy igual. Y por último, el estilo cognitivo.

    - ¿La forma de ser de la mujer?

    - Sí. Mi mujer sabe que falta leche en casa y yo no. Y yo trato de que mis pacientes mujeres lo entiendan: el día en que empiezan a distanciarse tus exigencias y tus capacidades, aparece el estrés, la tensión. Y en algunos momentos el cerebro de la mujer no está para muchas tensiones, aunque casi siempre esté para más tensiones que el masculino.

    - ¿Y contra eso, doctor, algún remedio?

    - Una revolución social que conjugue el mundo hipercapitalista con un mundo humanista, esa nueva vertiente femenina que le otorga valores a la vida.

    - Tendrá a sus pacientes enamoradas...

    - Otal vez sea yo el enamorado. No me gustan los hombres, son aburridos y agresivos. Las mujeres son muchísimo más divertidas. Tienen hormonas y nosotros no, cambian y nosotros no. De tal manera que yo quiero ser hombre hasta los 50 y después mujer.

    - ¿Qué hará para eso?

    - Cambiar mi cerebro.

    - ¿Cambiando los hábitos se puede cambiar el cerebro?

    - Sí, no hay otra forma. Me voy a preocupar más de mi mujer y de mis hijos; de hecho desde hace cinco años paso más tiempo con ellos que mi mujer: no trabajo por las tardes.

    Manolito Sin Gafotas | 14/07/2007, 13:58
  2. DESCONCIERTO

    Querida Mariana:
    Lo que nos afecta no es misoginia sino desconcierto. No es el sitio para abordar profundamente el tema, pero no he querido ir en la dirección que tu imaginas, de hecho lo he indicado en la brevísima introducción al artículo de Perez Reverte: Un amigo me ha enviado este artículo, que guardaba celosamente, porque cree que es una buena descripción del desconcierto que atenaza al hombre y a la mujer modernos. El autor no es un cátedro en esas relaciones pero, con más o menos gracia ,trata un tema de mucha actualidad, como son las relaciones de genero. El desconcierto afecta a todos, agradezco tu intervención y me gustaría que apuntaras alguna idea que orientara al desconcierto masculino, que es real y existe. Si me ofreces un artículo alternativo lo postearé.Gracias.

    Kokon | 06/07/2007, 16:47
  3. Apesta a misoginia por aqui...

    Simplemente te voy a dar una sugerencia... que yo misma voy a hacer en mi blog.

    Se trata de cambiar la palabra mujer por "negro" para analizar el sentido despectivo de todo el texto.
    Si lo cambias por "negro" te darás cuenta de que nadie en el mundo podría publicar un articulo así... Lo tacharían de racista.

    Es una pena que en siglo XXI se sigan publicando este tipo de ataques y dando cabida a articulos de señores misoginos como Arturito, en diarios que se consideran muy progres.

    Este señor es capaz de hacer de una experiencia personal una generalización muy peligrosa.
    Debería saber que el 80% de los puntos retirados en el transporte han sido a hombres.

    Desde luego... lo que hay que soportar.

    Saludos.

    Y por favor, relee el texto con la sugerencia que te he dado.

    Marian | 06/07/2007, 15:51
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