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LECTURA SILENCIOSA EN LA RED.

kokon | 16 Mayo, 2007 19:46

 

Cuando leía, sus ojos corrían a lo largo de la página y su mente percibía el sentido, mas la lengua y la voz se quedaban inmóviles. A menudo, hallándonos allí - cualquiera podía entrar, pues no se solía anunciar la llegada de un visitante - lo observábamos mientras leía, en silencio, nunca de otra forma, y, tras quedarnos sentados - ¿quién se atrevería a turbar una concentración tan intensa? -, íbamos conjeturando que, en ese rato de tiempo en el que conseguía dedicarse a relajar su mente, libre por fin del ruido de los problemas ajenos, no querría ser distraído ni explicar a un oyente atento e interesado ningún pasaje oscuro del texto que estaba leyendo, ni discutir sobre una cuestión particularmente difícil, acabando por perder, de tal modo, una parte del tiempo destinado a la lectura, a pesar de que resultara mucho más probable que hubiese empleado este tipo de lectura silenciosa para ahorrar la voz, que se le debilitaba con gran facilidad. No importaba la razón por la que lo hiciera: para un hombre así, no podía ser sino buena.                                                         

                                                                                                                   Citado por Fabián en Alta Mar BalearWeb. 

San Agustín: Confessiones VI, 3, 3 

Fabián en Alta Mar ha hecho una serie de artículos muy interesantes sobre la LECTURA SILENCIOSA . Cuando tenía once años, el Colegio me llevó a hacer Ejercicios Espirituales a una casa de religiosos. Llevaba una maleta y tenía una habitación individual, austera,  todo era recogimiento y silencio. Un estado de máxima concentración. Recuerdo con detalle las sensaciones y algún que otro apunte escabroso, por ejemplo cuando en la capilla un compañero de curso se desmayó debido al encendido énfasis que el sacerdote puso sobre las habilidades y estrategias pérfidas del demonio. Recuerdo que en el comedor comunitario, siempre tenía que salir uno de nosotros a leer en voz alta. Eran historias sagradas y sucesos ejemplares para la buena formación del espíritu. El recogimiento y el silencio se rompía con la lectura en voz alta , era el momento de sentirse acompañado. Cuando alguien lee a otro le hace compañía y cuando leemos en silencio constatamos y gozamos de nuestra soledad.

En nuestra querida red, los ojos no miran hacia las manos, sostén natural del libro, no miran hacia abajo, miran hacia delante iluminados por el resplandor del cristal liquido. He comprobado con fotografías hechas a amigos y familiares, que el rostro que mira la pantalla es un rostro diferente al que posa en fotografía. Un gesto natural de interés o atención acompaña al que mira.

 Baudelaire decía que cada época tiene su gesto, su sonrisa y su mirada y del mismo modo que San Agustin observó un cambio de actitud , un silencio de la lengua y de la voz, nosotros debemos pensar más en la evolución de nuestros modos y nuestras miradas en contacto con la Red.

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