kokon | 13 Mayo, 2007 16:49
El artista es un ser privilegiado que tiene el don de la extrema lucidez. Su capacidad por captar la esencia de lo que a él le sucede y nos sucede a todos, en cada momento histórico, le otorga el privilegio de lo distinguido, de conocer lo que nos ha sucedido, lo que sucede, eso lo convierte en un individuo especial .Convidado por la sociedad a marcar caminos, indicar sendas, prever lo que ha de suceder, actúa a través de unos procesos complejos que le exige esa lucidez extrema, es la causa dolorosa de su misión.
Las Ferias de Arte son momentos de máxima concentración en esa deriva de la mentalidad, son indicativos de lo que los artistas saben que nos pasa. Son un hito en la evolución de las mentalidades y los espectadores debemos tener los mecanismos adecuados para su captación, para su adecuada interpretación.
Cuando entré en la sala donde se construían antiguos galeones ,en "Les Drassanes Reials de Barcelona, tope de bruces con la primera emoción de mi visita, unas jóvenes me ofrecían muestras de perfume como un requisito indispensable para iniciar bien el recorrido. El perfume indica el clima seductor del artificio. Así empecé mi paseo por los stands, dispuesto a captar micro partículas indicadoras de la realidad presente o la que ha de venir. Es normal destacar en una feria si esta dominada por un procedimiento u otro, por fotografía o video. Yo diría que dominaban los usos convencionales de las técnicas artísticas: óleo, carboncillo, los acrílicos, la acuarela, el lápiz, gouache y papeles encolados, aplicados sobre soportes muy diversos, etc
Se que no es muy útil intentar reducir la complejidad de lo artístico a unas brevísimas descripciones y menos aun a tres o cuatro palabras. Creo que percibí una tendencia hacia un arte insertado en lo popular, dominado por iconografías siniestras que representaban manifiestas heridas en la conciencia , tratadas con el bálsamo de un infantilismo repleto de procacidad y erotismo.
En esta ocasión he decidido no poner títulos, ni autores, ni galerias para concentrar el mensaje en las imagenes y en el texto.
Mi segundo encuentro fue con un "stand" en el que unas jovencitas pintaban las uñas a los visitantes. En el recorrido ya me había parecido que este debía ser un factor principal, e incluso una obra de la galería Estrany de la Mota tenía una uña en un pedestal, de gran tamaño. Entonces recordé un texto que había leído en un catálogo que se había hecho hace seis años a propósito de una exposición del artista Isidre Manils. Se llamaba: LACA EN LAS UÑAS O LA OCULTACIÓN DE LA PINTURA. Creo que debido a su actualidad merece que transcriba alguno de sus párrafos:
" En una época, anterior a la que comento, Manils trató fragmentos y anécdotas de inspiración cinematográfica con el mismo rigor de pastor luterano que Baudelaire empleaba para tratar temas insignificantes como el vino, el hachís o el maquillaje. De ese momento, recuerdo dos obras de pequeño formato en las que unas uñas largas y rojas y otras negras y afiladas punzaban cuerpos. Dos obras que hace unos años, en pleno apogeo postmoderno, se hubieran visto como una exhortación al ornamento superfluo, a la noche o simplemente como un elogio de la apariencia.
Creo que pintarse las uñas es una acción sobre el propio cuerpo que tiene la misma fuerza que el tatuaje, o que atravesarse la carne con acero clínico para hacerse un "piercing". Estas dos obras me indican dos caminos: uno, sobre el procedimiento pictórico, pues la laca aspira a conseguir una superficie brillante y lisa en la que el pincel no debe dejar ningún rastro de su intervención y otro sobre la ocultación de una parte del cuerpo. Isidre ha comentado que uno de sus objetivos es la ocultación de la pintura. La perfección en el procedimiento pictórico le permite conseguir un logro que explica con entusiasmo: la desaparición de la pincelada, quitar pintura hasta que no se note que lo es, hasta que desaparezca.
Parece que su pintura intenta conseguir la superficie acristalada de un televisor o un fotograma, unas superficies sin textura alguna, una sensación tecnológica que incluso ha llegado a engañar el ojo experto de algún fotógrafo. Veo en la obra reciente de Isidre Manils un paso más hacia la ocultación y la coherencia hermética que empezó a ejercer en su anterior exposición, en la que fue preparando la escena del misterio, el espacio del encuentro, en obras como "Es muy difícil que llegue nadie" y otras, en las que un reloj invisible iba marcando los dígitos para el momento de un encuentro o de una destrucción, en una de ellas el escenario estaba rodeado de unas cortinas - llamas. Las luces que en ellos se veían, podían ser tanto las propias de los mitos fundacionales del Cosmos y del inicio del orden como las febriles luces tóxicas del Apocalipsis. La grandeza de la complejidad simbólica es su ambitendencia, la posibilidad de recorrer dos caminos distintos, a veces enfrentados pero ambos necesarios, como un nudo que nos protege y al mismo tiempo nos ata y obliga, o como la misma naturaleza del bien y del mal. Ahora quiere mostrarnos escenas de la tercera fase de un encuentro o de una desaparición. Como si en ese proceso de acercamiento a lo desconocido: lo que debía llegar, ya estuviera aquí, con ocultaciones y encuentros. "
Continué con mi paseo y también vi dos pelucas de corte moderno: una blanca y otra negra. Vi rostros desencajados, algunos pupitres con niños siniestros, felaciones, casas abandonadas, muñecos galácticos, muchos objetos brillantes, cuerpos desnudos, naturalezas fantásticas, ceremonias intimas y alguna agresión corporal, escenas de cuentos infantiles, paisajes artificiales, así las cosas lo adecuado era un buen masaje. En la sala "Vip´s" se ofrecía de modo gratuito un reconfortante servicio terapéutico que no acepté.
Sobre Kokon la palabra que esconde al escribano y que es de origen japonés: Kokon. Se compone de dos principios activos: el primero Ko indica antigüedad y Kon lo de ahora mismo, lo que acaba de suceder. Es una palabra que une el pasado y el presente , lo antiguo y lo moderno. En esa frontera nace la flor kokonica. Sobre el título del Blog. Cuando alguien considera que “todo es muy raro”, lo más fácil y lógico es pensar que el raro es él. Que las cosas son como deben ser, como siempre han sido y que eso no debería extrañar a nadie. Aquel que se extraña ante lo que sucede no puede ser una persona normal, tranquila, serena, sino un pesimista que vive con la incomodidad del que no entiende nada.Al contrario,los que conocen la auténtica naturaleza de las cosas, saben lo que la vida es. Los sabios conocen el mundo sin salir de su casa no se extrañan de nada, quieren transmitir ese don, ser una guía para los perplejos para los que estamos presos de desorientación y de dudas. Para los sabios: nada es raro. Simplemente TODO ES
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