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NOWWWELA EXQUISITA

kokon | 10 Mayo, 2007 23:24

  

 

  

Nowwwela Exquisita  

Prólogo.-

 

Los cambios en la casa, una nueva habitación y la pintura de las paredes me obligaban a un incesante trasiego de libros. Los de aquí para allá, los de allá no sabía donde ponerlos. Las novelas juntas, por orden alfabético o por el momento en el que las leí. De repente: el caos se impuso a mi deseo clasificador y una estantería repleta  de novelas cayó y dio de bruces en el suelo, un sonido estremecedor y el trabajo de tantos escritores ilustres entremezclados formando un pequeño montículo de letra impresa, parecía la forma de una pira destinada a la hoguera. Fue un momento sublime en el que todas esas novelas que mantenían  su merecida dignidad en mi librería, me parecieron  restos, cadáveres exquisitos de mentes exquisitas, unas páginas habían entrado en otras, algunos lomos estaban rotos. Los recogí haciendo nuevos grupos, era ya muy tarde y no los volví a ordenar, los reuní sin ningún criterio y así un nuevo orden se había creado sin mi intervención.

   

 Estaba cansado de tanto trasiego, era tarde y fue cuando apareció  una idea que quise poner en limpio de inmediato. Y así lo hice. Imaginé a Lidia de Cadaqués, la hija de la bruja Sabana, sentada sobre la montaña entremezclada de grandes monumentos de la literatura, era algo parecido a la quema de María, el ser robot de Metrópolis o a Juana de Arco en Dreyer o a las brujas ardiendo de "Dies Irae".Se cuenta que Lidia era capaz de leer dos libros que no tenían nada en común el uno con el otro y que en esa lectura ella encontraba el hilo conductor del sentido. Eso divertía mucho a Salvador Dalí y a sus amigos en PortLligat , hacia 1929 cuando el pintor decidió instalarse en la costa, fue ella quien le vendió la casa de pescadores en la que habitó la genialidad de los esposos durante tanto tiempo. Dalí ya conocía esa facultad extremada por el delirio interpretativo de la hija de la bruja. De hecho su poder y esa facultad  en la lectura, ya  se convirtió en un problema para otro"xenius", el propio Eugeni D´Ors que recibía  cartas de Lidia como respuesta a los artículos que este escribía en "La veu de Catalunya", ella se creía la destinataria de las reflexiones del escritor y le contestaba, como en una relación muy personal, se habían conocido en 1904.

 

Lidia llevo a su apogeo el juego surrealista por excelencia, el divertimento que mejor representa la esencia caógena de la vanguardia. Me refiero a  "Le Cadávre esquís".Como ya todo el mundo sabe consiste en establecer vínculos inexistentes entre palabras o dibujos, tal como Lidia lo hacía con los libros. Las relaciones furtivas con el delirio le permitían emparentar como enemigos obvios a las cabras y los anarquistas. En un delirio similar en este libro se ejecuta la voluntad del azar. El desorden libresco de un accidente fortuito crea un sentido nuevo. El delirio se le ofrece al lector sumando las páginas que el accidente ha creado. Los libros adivinatorios, tiene gran tradición en la literatura universal, con el mismo poder de los naipes, en la literatura española eran llamados:  "Libros de Suertes".

 

He tomado la primera página del primer libro recogido entre el caos, la segunda del segundo libro, la tercera del tercer  libro y así hasta un total de doscientas páginas que han creado una sola novela  realizada con los fragmentos rescatados de tamaño desorden. El sentido se lo pondrá el lector y esta vez ,el escritor inexistente, el autor no podrá ni confirmar, ni negar ninguna de estas interpretaciones porque estarán más allá de su voluntad, todas serán ciertas, todas serán falsas y es más, entre ellos hay querellas de muerte y distancias insalvables que el azar ha puesto como un unitario "opus coniunctum" en el mismo texto. Lo que es indudable es que no quedará ninguna resquemor sobre la calidad literaria, porque los autores que se encuentras detrás de cada página tienen un merecido lugar en la historia de la literatura .

 Desde el punto del imaginario autor de este libro debo decir en primer lugar  la extraña sensación que me produce mecanografiar los textos de autores tan dignos, es como repetir la acción física y un poco mental que cada uno de ellos llevó a cabo en tiempos y geografías muy diversas. Al repetir sus palabras me convierto un poco en todos ellos. También quiero constatar que al ir escribiendo, página tras página ,lo que el azar ha querido dictarme, tengo una clara sensación de estar creando algo nuevo, pues no se como irá desarrollándose este ejercicio literario y por lo tanto espero con ilusión de autor lo que pueda llegar a escribir y el final de esta extraña novela.  

NOWWWELA EXQUISITA.- CAP.1

  

 

Un final tan inesperado como dramático tuvo el encuentro realizado anoche en el ring del Luna Park y en el cual Juan Yepes(71,500 Kg) hacía su reaparición después de un prolongado alejamiento. Un público entusiasta dio la pauta de la expectativa que había provocado el combate en el que, según se descontaba, el púgil cordobés  volvería a exhibir su extraordinaria calidad de estilista, a la vez que la seca y eficaz pegada que tantas victorias le valiera en temporadas anteriores.

   Sorprendió que Yepes, contrariamente a su modalidad habitual, empezara el encuentro replegado y expectante, como si creyera imprescindible un cauteloso estudio antes de optar por la modalidad combativa que le permitiera perfilar el camino de una rápida definición. El primer round terminó sin que hubiera descargado ningún golpe efectivo, aunque  a  mi tocayo le debo el título de este libro y a Lester Young la libertad de alterarlo sin ofender la saga planetaria de Phileas Fogg, esq. Una noche en que Lester llenaba de humo y lluvia la melodía de « Three Little Words »  sentí más que nunca lo que hace a los grandes del jazz, esa invención que sigue siendo fiel al tema que combate y transforma e irisa. ¿Quién olvidará jamás la entrada imperial de Charlie Parker en « Lady,be good » ? Ahora Lester escogía el perfil, casi la ausencia del tema, evocándolo como quizá la  antimateria evoca la materia, y yo pensé en Mallarmé y en Kid Azteca, un boxeador que conocí en Buenos Aires hacia los años cuarenta y que frente al caos santafesino   del adversario de esa noche armaba una ausencia perfecta a base de imperceptibles esquives, dibujando una lección de huecos donde iban a deshilacharse las patéticas andanadas de ocho onzas. Sucede además que por el jazz salgo siempre a lo abierto, me libro del cangrejo de lo idéntico para ganar esponja y simultaneidad porosa, una participación que en esa noche de Lester era un ir y venir de pedazos de estrellas, de anagramas y palíndromos que en algún momento me trajeron inexplicablemente el recuerdo de mi tocayo y de golpe fueron Passepartout y la bella Aouda, fue la la vuelta al día en ochenta mundos porque a mi me funciona la analogía como a Lester  el esquema melódico que lo lanza al reverso de la alfombra donde los mismos hilos y los mismos colores se tramaban de otra manera.

   Todo lo que sigue participa lo más posible (no siempre se puede abandonar un cangrejo cotidiano de cincuenta años) de esa respiración de la esponja en la que continuamente entran y salen peces de recuerdo, alianzas fulminantes de tiempos y estados y materias que la seriedad, esa señora demasiado escuchada, consideraría inconciliables.

 

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