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MEMORIAS DE UN INSPECTOR (III)

kokon | 18 Septiembre, 2007 16:03

  

Mi primer expediente 

 

Antes de explicar como me formé y como aprendí las artimañas  de mis enemigos, quiero explicar, ahora que empieza el curso y se están haciendo las obligadas reuniones de profesores, la gran ventura que me produjo ejecutar mi primer expediente.  Lo recuerdo como si fuera ayer. Bajaba caminando por la Rambla de Catalunya, estaba algo cansado después de pasar dos horas  mirando libros en La Central. Genuflexiones, alzamientos, brazos arriba, brazos abajo, otra vez de cuclillas Es el único ejercicio físico que me permito. Me senté en un banco para recuperarme y al poco rato vi venir dispuesto a sentarse junto a mí a una persona que me parecía conocida, si ,era Berni, mi viejo compañero de estudios en la escuela del señor Juncosa y que posteriormente fue también compañero de estudios de arte . Lo ví desgarbado, con el pelo revuelto y la ropa algo desgastada, aun llevaba las "menorquinas" en los pies. Ese signo inequívoco de algunos profesores  que no soporto y que indica su tendencia a que prosiga la ociosidad vacacional, en fin, una absurda protesta formal contra el "establihsment" antes de calzarse el zapato y los calcetines, tal como es debido.Sin que apenas  me diera tiempo a iniciar el protocolo de los encuentros casuales, como: "Hombre, tu eres Berni&." o algo así, me dijo :   -estoy desesperado-

.  

Sin mediar otra explicación me contó que acababa de salir de una reunión De Bachillerato Artístico en el instituto de secundaria en el que daba clase desde hacía más de veinte años. Eso ya empezó a interesarme. Me continuo diciendo que había explotado en la reunión de profesores y que no soportaba ni un minuto más esa situación.

 Berni se dedicaba a la enseñanza de la Historia del Arte en un mundo que yo  conocía bien porque antes de obtener  mi acta de inspector, me había dedicado a dar clases   a esos jóvenes poco predispuestos a hacer esfuerzo alguno para aprender. Vista su inquietud, y un poco por curiosidad profesional, le dije:   -"no sé, cuéntame"-.  No lo dudó ni un segundo y me empezó a contar que venía de  una de esas  reuniones convencionales que se hacían en el Instituto antes de empezar las clases, y que sirven para presentar los cambios horarios, la cuenta de resultados y la incorporación de nuevos compañeros,-hasta aquí todo me parecía correcto y normal, vamos, lo que debe hacerse,  Berni continuo su narración explicándome  que había dicho unas cosas terribles  y que había  tomado una actitud impropia de él , se sentía muy extraño consigo mismo, él , que había sido tan paciente en todos esos años. 

 Se imponía un: "y ¿que dijiste?.   - Pues, verás, se estaba haciendo una ronda de presentaciones del trabajo que cada uno de nosotros lleva a cabo en el Bachillerato artístico, las compañeras de Lengua Catalana, las de Lengua Castellana, las de Filosofía, las de Inglés, iban explicando de un modo altamente razonado, las claves de su trabajo, algunas indicaciones de método pedagógico, el éxito estadístico en aprobados o suspensos, su capacidad de dinamización y control de tantas hormonas juveniles desatadas.  -Yo iba asintiendo con la cabeza pues, como inspector, me parecía todo dentro de mi noción de la buenas maneras de la pedagogía. 

  Berni continuó diciendo :poco a poco iba llegando mi turno, y cuando llegó, dije en un tono airado, con gesto arrebatado al tiempo que la camisa me salía de los pantalones y el pelo se me agitaba:  Pues yo doy clase de una materia, la historia del arte, del arte no sé ni su origen, ni su fundamento, explico cosas de algo de lo que todo el mundo habla y  que nadie, ni yo mismo, conozco su causa.  Los alumnos que más me gustan son los que  acaban dejándonos, son los más inquietos, los que no nos soportan y en sus ojos veo brillar los destellos de la búsqueda de la creatividad y de lo desconocido.Se hizo un silencio tenso, en el que las miradas de reproche de mis compañeros se dirigían amenazantes hacia mí. Sólo me quedaba salir del Instituto, buscar aire fresco y aquí estoy, en este banco de la Rambla de Catalunya ,sentado contigo." 

 

 Yo, levanté de inmediato la palma de mi mano, como queriendo parar tamaño aluvión de improperios, al tiempo que le decía: has encontrado la horma de tu zapato, acompáñame a mi despacho oficial que está aquí cerca, soy inspector de enseñanzas artísticas y desde este mismo momento date por expedientado.   El azar me había puesto en bandeja mi primera ocasión para hacer justicia y expulsar al lobo del redil de las ovejas.     

 
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